Laura Albiac, con 13 años, finalista del prestigioso Wildlife Photographer 2017

 

Su historia: Empezó a fotografiar con 4 años (tiene 13) siguiendo los pasos de su padre, de su hermano y el abuelo.

Su triunfo: Finalista, por segunda vez, de los Wildlife Photographer of the Year 2017, con la imagen de un lince ibérico.

Su premio: Los ganadores del WPY, en el que participan más de 50.000 fotógrafos, se anunciarán el 17 de octubre.

Es un día de principios de enero de 2016. Vacaciones de Reyes. En algún punto del Parque Natural de la Sierra de Andújar, un corro de algo más de 40 fotógrafos apuntan con sus lentes. Entre ellos está Laura, su hermano Marc y su padre Xavier. El objetivo, una pareja -macho y hembra- de linces ibéricos. El silencio sólo se rompe por el zumbido [casi imperceptible] de los disparos de las cámaras. Entonces, uno de los gatos dirige su mirada hacia la joven Laura. Ella no vacila: encuadra, enfoca y clic. Todo en apenas unos segundos… Era la primera vez que Laura Albiac Vilas, de 13 años, veía un lince ibérico en vivo y en directo.

Laura había viajado con su familia hasta ese paraje jaenés sólo para fotografiar al felino más amenazado del planeta. Y la instantánea que obtuvo en esa excursión se ha convertido en algo más que un recuerdo para la posteridad. Bautizada como Glimpse of a Lynx (La vislumbre del lince), le ha valido colarse entre los finalistas del Wildlife Photographer of the Year 2017, categoría juvenil (entre 11 y 14 años). Una experiencia que no es nueva para esta familia de Barberà del Vallès, en Barcelona. Ya su hermano Marc resultó ganador, en la misma categoría, en 2014. Se hizo con el premio mayor con un impecable retrato de una empusa pennata (mantis palo) sobre un fondo blanco.

Lo de la fotografía lo lleva Laura en los genes. La afición empezó con el abuelo, quien se la transmitió al padre. E inevitablemente los críos (la tercera generación) terminaron cediendo ante los encantos de las lentes y el obturador. «Me ha gustado desde siempre. Desde muy pequeña ya cogía la cámara de mi hermano», nos cuenta la benjamina de los Albiac.

Xavier, el padre, no sólo les inculcó el amor por esta disciplina desde los primeros años. También el respeto por la naturaleza. Así Marc debutó en el mundo de la fotografía a los siete años. Mientras que Laura a los cuatro ya se desenvolvía bien con la cámara. El primer animal que retrató fue una mariposa.

Para captar al sigiloso felino en 22,3 megapixeles -durante ese invierno de 2016- emprendieron una expedición de cuatro días. Tuvieron suerte al segundo día, cuando encontraron a los linces cerca de una carretera. Apenas 15 metros los separaban de ellos. Durante dos horas los observaron en silencio. Cada poco los animales se giraban hacia donde se encontraban los Albiac. Entonces, relata Marc, 18 años, «los pelos se nos ponían de punta». A Laura le sorprendió, sobre todo, sus miradas penetrantes. Y eso fue lo que captó…

No es la primera vez que la cría roza el podio de los mejores fotógrafos jóvenes de naturaleza. En 2015 estuvo nominada, en la categoría de menores de 10 años, con la imagen de un pájaro mosquitero aferrado a un tallo que fotografió en el Delta del Llobregat. Un año después del premio de 2014, Marc volvió a constar entre los finalistas del WPY. En esa ocasión participó con una instantánea de una gineta en pleno salto, con un cielo estrellado de fondo. Al certamen que promueve el Museo de Historia Natural de Londres suman galardones en varias ediciones del MontPhoto y premios del l’Oiseau et de la Nature.

Explica Marc que para que una foto sea especial -y destaque- no basta con que sea bonita. «Tiene que transmitir algo», asegura. Laura lo logra al congelar esa mirada profunda del lince, fija en su lente.

A su corta edad Laura tiene un portafolio y un ojo envidiable para cualquier profesional. Entre su colección de imágenes hay murciélagos, ciervos, cabras montesas, focas escocesas, jabalíes y un buen número de aves. Su foto favorita es la de un frailecillo que inmortalizó a los siete años en Escocia.

Ambos hermanos forman parte de la Asociación Española de Fotógrafos de la Naturaleza (AEFONA) y han recorrido buena parte de España, además de viajar al extranjero, retratando la vida silvestre del país. Uno de sus lugares favoritos es Fabero, el pueblo de su madre en la provincia de León, al final de la Cordillera Cantábrica. Les encanta por la biodiversidad del lugar.

Explica Marc que en la fotografía de naturaleza es cuestión de rapidez y paciencia. La velocidad es clave en shoots como los del lince. Y la paciencia necesaria cuando realizan hides – en tiendas de camuflaje- y esperan hasta 12 o 13 horas para captar al animal en el momento preciso. Un hide que los hermanos hicieron juntos para fotografiar buitres llegó a durar ocho horas. Cuando no está con la cámara en la mano, Laura -que cursa 1º de ESO- practica atletismo y asiste a cursos de inglés. Marc, por su parte, compagina su pasión con la universidad [va en primero de Física] y el decatlón. Dicen que antes de que se termine el año planean volver a la Sierra de Andújar para ver cara a cara al lince ibérico e inmortalizarlo con un clic.

Fuente: Canon España.

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